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Poemas Africanos

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Poemas Africanos

Comme l'ombre d'un être désespéré
Elle marchait à peine
Ses pieds écorchés et fendus
Laissaient deviner les peines d'une marche vaine
La forme maigrit de sa silhouette
Reflétait un physique souffrant
Elle allait de jour comme de nuit quémandant
Cette quête aussi d'un peu d'amour
De ce sourire qu'elle n'avait cessé de lancer aux autres
Pourtant seul sur son dos où perchait un être faible
Affaibli au regard morne se questionnait
Sur l'indifférence de ces Hommes à leur égard.

Charles Traoré (Bobo-Diulasso)
Burkina Faso


Enfants de la grande savane, enfants du Sahel
Fils impétueux de ma chère Patrie
Vous qui sous de pluies torrentielles travaillez sans relâche
Vous qui ne reculez jamais devant les durs besognes
Vous qui avide de connaissances sous le froid du matin
Le soir accablant de soleil parcourez de longs chemins
Vous qui de longue date marchez vers une vérité toujours fuyante
Enfants que ne saurait effrayer ni le rugissement d'un lion
Ni le hululement d'un hibou en perversion
Ô fils de mienne mère
Vous êtes l'aube d'une nouvelle ère, le vent de l'amour qui soufflera
Vous êtes la pluies de justice qui tombera, le soleil de l'espoir qui se lèveraVous êtes la canne de demain, la canne sur laquelle s'appuiera
Notre chère Patrie qui va s'épuisant de jour en jour
Déchirée par la dissension, tourmentée par l'iniquité
Assourdie par le cri désespéré des siens
Ô frères du Burkina, enfants de la sérénité, enfants de la quiétude
Enfants assagis sous l'arbre à palabres
Frères à moi, combien de fois une mère souhaiterait-elle voir
Ses enfants réunis à ses côtés, se donner la main, boire à la même coupe
Enfants de la savane, frères du Sahel, fils intègres du Burkina
Donnons-nous la main pour soutenir notre Faso
Qui sombre sous le poids de la détresse.

Charles Traoré (Bobo-Diulasso)
Burkina Faso


Je te pleure ô terre Afrique
Je te pleure ma fière patrie
Je pleure ces terres qui depuis des lunes
Ne connaissent plus le réveil matinal des coqs
L'aboiement joyeux des chiens
Acclamant la naissance d'un nouveau jour
Mais l'incessant bruit meurtrier
D'armes de tous calibres apportées d'ailleurs
Je te pleure femme. Femme de Koro
Femme de Dingasso. Femme dont l'existence
Se borne à la machinale procréation
Femme aux inlassables marches infernales
Depuis le gîte familial jusqu'aux
Cités lointaines à la recherche
D'introuvables miettes pour la survie
Femme des mortiers. Femme des coups de pilon
Femmes des rivières. Femme des champs
Femme des travaux pénibles
Femme au dévouement sans égal
Gardant toujours foi à un avenir
Plus qu'incertain.

Charles Traoré (Bobo-Diulasso)
Burkina Faso


La femme est comme la terre
Elle fait germer la vie
Fait pousser et agrandir l'espoir
Elle est comparable au soleil
Semblable au doux vent matinal
Qui entraîne les rêves et l'âme
A la rencontre du vrai bonheur
En elle se cache un grand trésor
Celui du devenir maternel
Sublime magie qui fait dresser tout être
Femmes, je vous aimes ; je vous vénère.

Charles Traoré (Bobo-Diulasso)

Burkina Faso


Cuentos Africanos

“Si Dios no mata, el jefe no puede matar”

Había una vez, un jefe en un pueblo,

y en el pueblo, un hombre que tenía un hijo,

a quien le puso el nombre de “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

 

Puesto al corriente de semejante nombre,

el jefe, solamente a causa de este nombre,

mandó buscar al niño para hacerlo su criado

con el fín de vengarse de él.

 

Cada día manifestaba su cariño al niño.

Cada vez que necesitaba de alguien, llamaba “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

Para cualquier cosa, el jefe se dirigía a él,

manifestándole mucho cariño.

 

Un día, el jefe muestra al niño un anillo de oro macizo

para confiárselo a su custodia.

El niño se puso el anillo en su dedo

mientras se paseaba con sus compañeros.

 

Cogió también la costumbre de bañarse con el anillo en el dedo.

El jefe no manifestaba ningún signo de reprobación.

Más bien guardaba silencio.

 

Pero un día, el niño se fue, con otros compañeros, a bañarse al río.

El anillo se le escurrió del dedo y desapareció en el río.

Lo buscó, lo buscó, pero en vano, porque un pescado se lo había tragado.

 

Sus compañeros fueron corriendo a decírselo al jefe :

“Un niño ha perdido tu anillo”

“¿Qué lo ha perdido? ¡Tanto mejor!”

Dice que se llama : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

Yo le voy armar una buena.

Su padre le ha puesto el nombre de : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”.

 

Hay una fiesta dentro de tres días, le dice al niño.

Para entonces, tendré necesidad de mi anillo.

Si no lo tengo,

aunque tu padre te haya puesto el nombre : “Si Dios no mata, el jefe no puede matar”,

yo te voy a matar.

Si, dentro de tres días, no encuentras mi anillo para mi dedo,

aunque Dios no te mate, yo te voy a matar.

El niño se puso a llorar.

 

El niño se fué a decírselo a su madre.

Un día antes, el jefe llama al niño y le reclama su anillo

ya que al día siguiente, es su fiesta.

 

El niño no hace más que llorar.

El jefe le concede este permiso, diciéndole :

“Vete a tu casa y que tu madre te prepare tu plato preferido.

Hoy, tú comerás toda tu parte.”

Le indica la hora en la que será ejecutado.

El niño vuelve a decírselo a su madre

y le dice que prepare un plato de tô *

con una salsa de pescado para comérselo antes de ser ejecutado.

 

La madre lleva el mijo a la piedra de moler,

lo muele sin dejar de llorar.

Con la harina prepara el tô.

Después, se va al mercado

en busca de pescado para comprarlo

y preparar la salsa.

 

En el mercado, ella busca que busca

pero sin resultado, no hay pescado.

Al cabo de un tiempo, ve un sólo pez,

un pez gato (siluro), dispuesto sobre la tapadera de un cesto.

 

Se adelanta y pregunta su precio.

La vendedora se lo dice.

Y sin demora, la madre del niño compra el pescado.

De vuelta a casa, prepara la salsa con el pescado.

 

El niño, atado con cadenas, yacía por tierra.

El jefe ordena que le suelten las manos.

Su madre le da el plato de tô

y el niño se sienta para comer.

 

El jefe ya había convocado todos sus súbditos.

Los cantores están allá, los verdugos también.

Todos están fuera, tocando los instrumentos de música

alrededor de aquél que van a ejecutar.

 

Una vez terminada la comida, el niño es conducido al lugar del suplicio.

El jefe también está fuera, sentado en una silla.

El lugar está rodeado de gente.

Todos esperan ver de cómo lo van matar.

 

El niño toma su primer bocado.

Para su segundo bocado, coge el pescado

para partirlo y comérselo.

 

En cuanto coge el pescado y lo parte en dos,

algo sale del pescado y hace un ruido extraño en el plato.

 

El niño se pone a buscar

y ¿qué vé? ¡El anillo!

Lo observa con cuidado, y se da cuenta de que es el anillo del jefe.

¡¡¡Sí, en verdad, es el anillo mismo del jefe, su anillo de oro !!!

 

Se pone de pié, lo ata a la correa de su calzoncillo.

Y se vuelve a sentar.

Saborea lo que está comiendo.

Después de haber terminado de comer, se lo llevan fuera.

El jefe pide que lo traigan ante él.

 

Se lo llevan al lugar del suplicio.

La gente está allí, los cantores tocan los instrumentos de música.

Todos se alegran.

Los machetes están alfilados, y el niño está allí, atado.

 

Cuando el niño llega delante del jefe,

éste le alarga su mano diciéndole :

“Si Dios no mata, el jefe no puede matar.

Pon mi anillo en mi mano,

Si no, te van a matar hoy mismo.”

 

El niño se levanta,

saca el anillo de la correa de su calzoncillo

y lo pone en la mano del jefe.

 

Todo el mundo observa.

El jefe coge el anillo,

lo mira... lo mira de nuevo

y ve que es verdaderamente su propio anillo.

 

Se vuelve y lo muestra a aquellos que le rodean, diciendo :

“¡Mirad! ¡Efectivamente, es mi anillo!”

Entonces dice al niño :

“Ahora sé que el nombre que te ha sido dado por tu padre es verídico.

En verdad, si Dios no mata, el jefe no puede matar.

Tienes un buen nombre”.

Todos los presentes aplauden con satisfacción.

El jefe ensalza el niño

y lo muestra en dirección del pueblo.

*Tô . Plato tradicional, una especie de polenta.
El tô está hecho con harina de mijo o de maíz.
Se come acompañado de una sala.

Cuento en la lengua liyele (Hubert Bazié, Réo 1975)



Charles Traoré (autor de los poemas).


"La mujer es como la tierra, engendra la vida " .




Los cuentos en África perduran gracias a la tradición oral. El Griot es la persona que se encarga de transmitir todos estos conocimientos.

Comida tradicional africana.

 

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