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La història d'en Sangaré
Una història real narrada pel propi protagonista.

Sangaré Ablassé és un jove de 32 anys que viu a Ouessa, un poble del sud de Burkina Fasso. En Sangaré, va decidir escriure la seva pròpia història mentre vivia aquesta difícil experiència personal que ens explica com si fos un conte.

La història d'en Sangaré
Érase una vez, un joven llamado Sangaré que se metió en una historia muy lamentable, que duró tres años y que fue muy difícil.

Les invito a escuchar su historia.

Sí, me llamo Sangaré Ablassé, soy un joven de 31 años de edad, si me permiten les contaré la historia de cabo a rabo.

Al principio, tenía una hermana a la que quería mucho y si digo mucho, es poco. Y un día, me llamó para darme un consejo.

¿Qué es lo que me dijo?
Me dijo que quería que sentase la cabeza y que trabajase mucho.

Ése fue su consejo y sin dudarlo lo seguí.

A la vez decidí irme a otro pueblo para trabajar en la agricultura. Afortunadamente me fui y conseguí una tierra de cultivo, cuando empezó la temporada, decidí cultivar maíz y poco a poco el campo marchaba bien. Estaba muy orgulloso del campo, el maíz creció bien y lo logré. Cuando llegó la recolección, ¿qué ocurrió?

Una mañana, de repente, me llamaron y me anunciaron que mi hermana había muerto.

Lo que se dice por ahí, increíble, algo nunca visto, tan joven. Y me dice adiós.

Sin embargo, en mi cabeza no paraba de pensar cada día en el trabajo en el campo, que le quería enseñar por el consejo que me dio, ya ven.

Cogí mi bolsa y me vine al pueblo. Cuando entré en el pueblo, me sentía completamente confuso, no quería ni siquiera escuchar un ruido, cualquier cosa me perturbaba, estaba durmiendo en el patio y mientras tanto, los niños hacían ruido. Fui a casa del vecino para dormir, no durante mucho tiempo, había allí dos jóvenes que vinieron e hicieron ruido, les pedí que se callasen, que no me molestaran. Dijeron que no se iban a callar y yo me levanté, cogí un palo y pegué a uno de ellos. La gente se levantó para cogerme e informar a la familia. Vinieron sin saber muy bien qué pasaba, me ataron y me llevaron a una casa, y se acabó.

Cuando salieron, yo solté la cuerda y me fui a la gendarmería para denunciarlo. En seguida vinieron mis hermanos y pidieron hablar con el gendarme aparte, no sé lo que le dijeron pero el gendarme me dijo que me fuese a casa. Aquello para mí significaba el final.

Cuando llegaron mis hermanos, llamaron a más gente, incluso amigos míos aceptaron venir a atarme de nuevo.

Les dije a todos que no estaba loco, que estaba bien, pero no me entendieron e incluso dijeron que como había soltado la cuerda para escaparme, iban a poner un tronco ahí, de forma que no pudiera escaparme.

No me lo podía creer, pero fueron a cortar un tronco de árbol muy grande, difícil de sostener entre dos personas, y querían ponérselo a un ser humano en el pie.

Llevaron el tronco al herrero para poner el centro de la madera en mi pie y después bloquearlo con un hierro para que me fuese imposible escapar.

Y todos se fueron, dejándome, sin apiadarse de mí. Debido al tamaño del tronco, pensé que no habría ningún problema, que todo iba a ir bien.

Lo que se me pasaba por la cabeza era sobre todo que en algunos días me iban a liberar, pero para ellos, era definitivo, sin que yo lo supiese.

Una semana, dos semanas, un mes, dos meses, nadie hablaba conmigo, ni siquiera se acercaban para preguntarme cómo estaba, si necesitaba algo, nada ni nadie.

Empecé a cavilar mucho, cada día me sentaba y pensaba: ¿Quién va a salvarme?

En el pueblo se hablaba de mí en todas las familias, puesto que era increíble conocer a un joven semejante en un caso como éste.

Otros me saludaban al pasar y me deseaban que me mejorase pronto y me daban algo de dinero para cigarros y cacahuetes.

No comía la comida de la familia puesto que me dije que era por maldad y no por mi salud, el mantener a alguien en una situación como ésta sin ni siquiera darle una pastilla y teniendo en cuenta el peso del tronco y sobre todo la duración, pensé: no como su comida, paren de darme de comer, si quieren que esté sano, cuídenme, y como no me cuiden se acabó entre nosotros.

No había nadie para socorrerme, otras personas, cuando las llamaba, me decían que iban a hacer algo y que iban a volver, pero nada, incluso mis propios amigos.

Todo esto me hacía sufrir, puesto que no podía tener a nadie para charlar conmigo. En esta situación, me busqué un trabajo, algo que hacía en mi infancia y que me ocupaba durante todo el día, fabricaba camionetas con latas de conserva y las vendía con los niños. Cuando acababa el trabajo, me lavaba con mi tronco y cuando mi pantalón se secaba, cogía el cubo y tocaba cantando. Tocaba tan bien que, cuando empezaba, la gente venía y se paraba a mi lado para escuchar.

Componía canciones en un cuaderno y me las aprendía cuando fabricaba las camionetas. Estaba orgulloso de mí con mi palo, solo me molestaba el dolor en el pie, pero me dolía la rodilla sobre todo. Aun así estaba orgulloso porque pese a que me habían abandonado, me ocupaba de mí mismo.

Pasaron un año, dos y surgió una oportunidad. ¿Cuál era esa oportunidad? ...



Sangaré Ablassé a l'actualitat.

Imatge d'en Sangaré que reflexa la difícil situació que va passar.
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